Monday, 22 March 2010

DESDE MI ATALAYA

Abrió el armario y miró entre sus cosas que se iba a poner hoy, escogió el más sexy. Se puso lentamente su ropa interior mientras se miraba en el espejo y acto seguido el vestido rojo envolvió aquel cuerpo de diosa. Se movió de un lado a otro de la habitación, como buscando algo, al fin lo encotró en el cajón. Un pintalabios envolvió su boca con un carmín que hacia soñar a los hombres con besos. Varias gotas de perfume cayeron sobre ella, ya estaba lista para salir, para que todos la viéramos.

Como cada día yo la expiaba, estudiaba cada cosa que hacia desde la ventana de mi casa. Antes de que hiciera algo yo ya sabía lo que pasaría. Un estudio exhaustivo de todos sus movimientos me permitieron pensar como ella. Se podría decir que estaba enamorado, encaprichado, endiosado o como quieras llamarlo. El caso es que esta noche me colaré en su casa y la esperaré.

La vi salir del portal, grandes tacones abandonaban la calle donde vivíamos, acuchillando el asfalto y mis ojos que no podían dejar de mirar. Me metí en su casa, subí las escaleras, miré debajo del felpudo y allí estaban las llaves de repuesto. Entré, un olor indescriptible me inundó, su olor. Fui hasta su cuarto, inspeccioné todo y me zambullí en un paraíso distante hasta entonces para mí. Siempre desde mi atalaya, distante sin poder notarla y ahora estoy en su casa esperando pacientemente.

Me quedé en su cuarto, apegué la luz y esperé.

Han pasado tres horas y todavía sigo aquí. Acaba de sonar la puerta alguien ha entrado, suenan tacones. Los nervios me invaden, es mía, la amo. La puerta de la habitación se abre. La luz está apagada. La enciende y me ve, se sorprende, saca una pistola pero no la dejo. La golpeo, cae al suelo y la sigo golpeando. La sangre brota como un manantial de su cabeza, deja de respirar. Limpio todo, lo más rápido que puedo. Abandono mi casa y subo hasta la mía. Desde la ventana veo como entra mi diosa. Esta noche ella nunca lo sabrá pero la he salvado la vida. Desde mi atalaya observo como se mete en su cama. Nunca se imaginará que su vigilante le salvó de una enemiga que nunca pensó que yo estaría allí antes que ella.
Apaga la luz y se duerme...yo también. Volveré a soñar con ella.

iv

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