Tuesday, 23 March 2010

ÁGUILAS

El sol estaba en todo lo alto, los rayos aterrizaban sobre la explanada rocosa. Los árboles sin hojas y angostas ramas crecían a la mitad, una tierra gris había tapado gran parte de ellos y como si de medios árboles se tratasen dibujaban un funesto decorado.
Pequeños montículos se agolpaban unos detrás de otros, grandes salidos de la nada, amontonan escombros, la ceniza los cubre a todos. Pasos se dibujan sobre éstos, no son pasos normales, es como si alguien hubiera estado arrastrando los pies por allí. Como si alguien no pudiera andar con normalidad y se arrastrase.
Un castillo de otra época se erige en una edad olvidada. El contraluz del sol dibuja una silueta magnánima. Un gigante de roca con una torre, con ojo vigía que observa la desgracia en que han caído sus tierras.
Una mujer se mueve cerca del castillo, busca llegar allí a toda costa. No hay ningún tipo de trasporte que pueda utilizar solo sus interminables piernas se mueven todo lo prisa que puede. Una gran águila sale de su chaqueta de piel, las plumas en todas las direcciones apuntan anhelos inalcanzables. Hace mucho que ella dejó atrás su inocencia y el águila se lo hace presente. Las botas, inseparables compañeras, pisan con fuerza hacia el destino soleado. El castillo...
La mujer se para, las plumas del águila se agitan por la ligera brisa que viene del sur, un aire negro que huele a muerte. Delante suya hay tres de esas criaturas que se arrastran por todos los lados buscan carne fresca. No hace mucho fueron personas como ella, ahora son criaturas sedientas que se mueven sin rumbo por la faz de la tierra. Ella aprieta los puños, no es la primera vez que los ve ni será la última. Muchos de ellos se han llevado a seres queridos, para después convertirse en lo mismo que les habían atacado. Primero víctimas y después verdugos. Ella sabe que tiene que hacer algo, tiene que actuar ya.
La criatura que está en el medio suelta un alarido que se oye en todo el terreno. Su cuerpo putrefacto se mueve, detrás los otros dos. Las piernas hechas jirones enseñan heridas llenas de gangrena. Un líquido verdoso se junta con la espuma de sus bocas, están hambrientos y van hacia ella.
El águila se agita, ella corre hacia su muerte, recoge una barra del suelo que está entre los escombros, alza el brazo y la barra brilla a causa de los rayos de sol. Está al lado del primero, un movimientos ágil hace inútil la agresión de este, la barra cae sobre su cabeza con un golpe certero. Lo que antes fueron sesos se esparcen por la tierra, Sigue corriendo, un quiebro sutil y muy eficaz hace tropezar a la segunda de las criaturas. Las piernas de ensueño derrapan, se para, alza una de sus botas y las deja caer con todas sus fuerzas sobre el cuello de aquel demonio. Su cuerpo se separa en dos.
Atrás han quedado dos cuerpos inertes, solo queda uno pero se mueve con dificultad. La chica del Águila le da la espalda. La criatura le sigue pero ella sigue caminando. Cuando está a punto de llegar hasta las plumas de su chaqueta se da la vuelta y saca una pistola del calibre 43. Un cañón plateado apunta a la frente del pobre demonio. Lo ultimo que vio fue un fogonazo delante de él.
Se ha desecho de los tres, tiene el castillo delante de ella, sigue corriendo. Un agujero en el muro no son buenas noticias. Se cuela por allí, dentro hay un patio que da la bienvenida a la estancia principal del castillo. Un escenario de horror se presenta frente a los ojos verdes de aquella que acababa de destrozar a tres de los innombrables. Sangre y muertos por todas partes. Una lágrima corre por su rostro. Ni la costumbre de ver tantísimos cadáveres le puede quitar la ilusión de encontrar a alguien con vida.
Se abre paso entre la matanza y llega hasta unas escaleras de metal que llevan hasta la torre, sube por ellas y llega a lo más alto de ella. Otea el horizonte, está atardeciendo y un mal presentimiento se hace realidad, su corazón late más deprisa. La pelea con aquellas tres cosas ha llamado la atención de todos los que estaban por la zona. Cientos de ellos han llegado hasta allí. La esperanza se acaba. Se quita la chupa del águila y la pone sobre una almena. Saca el revolver y se lo pone en la boca. Los alaridos de los sin nombre cada vez se oyen más cerca. El dedo está sobre el gatillo lo va a apretar cuando ve algo volar. El sol no le deja ver que es pero se va acercando más. Es un helicóptero, agita los brazos con fuerza. Se vuelve a poner el águila encima. El helicóptero la ve y baja hasta ella, le lanzan una escalera. Se sube.
Desde las alturas ve como todas aquellas criaturas levantan los brazos, añorando su antiguo ser. Ella ya no siete pena por ellos, no siente pena por nadie. El helicóptero se aleja de allí. Las plumas de su cazadora se agitan con fuerza. El águila desde su espalda observa un horizonte con un halo de esperanza.

iv...sobre el águila

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