Monday, 14 December 2009

CAN

Marta, mi mujer estaba deprimida,queríamos tener un hijo, lo llevábamos intentando meses pero ella no se quedaba encinta. los informes médicos no revelaban nada importante, no sabíamos por que no podíamos tener hijos.
Marta cayó en una profunda depresión que le llevó perder más de 10 kilos, mi preocupación por ella empezó a aumentar cuando mi mujer se quedaba días encerrada en su habitación, su depresión iba en aumento y no sabía que hacer.
entrado el otoño se me ocurrió una idea cuando iba caminando por hyde park, dos niños jugaban en el césped con un cachorro de labrador, eran felices, sus pequeñas manos tiraban del lacio pelo del can. Este les contestaba abalanzándose sobre ellos. pensé que un perro haría más felices nuestras vidas.
El día que llegué con aquella bola de pelo a casa todo cambió, Marta cuando le vio cambió su expresión de la cara, una sonrisa volvió a aparecer en aquel rostro que tantos días había llorado. Pipo que fue como le llamamos llenó de ilusión nuestro hogar haciéndonos olvidar a nuestro hijo tan deseado.
Marta parecía otra, volvió al trabajo, a quedar con sus amigas...en definitiva a vivir.
Después de Navidad llegué a casa después de haber estado cerca de Liverpool Street bebiendo unas pintas con unos amigos, abrí la puerta y allí estaba Marta llorando, le pregunté que qué le pasaba y ella se abalanzo sobre mi gritándome -Estoy embarazada!- no nos lo podíamos creer pero era verdad, estaba embarazada, un pequeño estaba en camino. Los médicos no supieron explicármelopero yo sabía que toda la culpa había sido de Pipo, él era el culpable del embarazado de Marta y de su felicidad, una cosa llevó a la otra.
El embarazó fue normal nueve meses de expectación por ver a nuesta criatura, estábamos deseando que naciese. A la vez que el vientre de Marta crecía Pipo se convertía en un perro adulto, un precioso Pastor Alemán.
Toda nuestra familia estaba acompañándonos en el hospital San Charles en el norte de Londres. El parto fue rápido y ni Marta ni el niño sufrieron ninguna complicación.
Las primeras semanas fueron las mejores, Bryan que fue como le llamamos era increíble, el niño más bonito de todo el mundo, sus grandes ojos nos miraban desde su pequeña cabecita, le amábamos, para nosotros era todo.
En la cena de acción de gracias vinieron los padres de Marta a casa, fue una cena estupenda, todos jugaban con nuestro hijo hasta que se durmió y lo subimos a la cuna. Abajo nos quedamos discutiendo sobre España y si volveríamos algún día o no. Pipo estaba de un lado a otro inquieto, pero no le dí importancia seguí discutiendo con el padre de Marta.
Un gin and tonic tras otro y nos dieron las tantas, nos fuimos directamente a la cama no fuimos a ver a Bryan por que no oímos nada a través del comunicador.
Al día siguiente me quedé dormido y salí pitando hacia el trabajo, fue un día raro, con resaca, estaba cansado, tenía sueño y solo quería llegar a casa y jugar con mi hijo.
Abrí la puerta de nuestra residencia de Hampstead, me pareció raro por que no oí nada y Pipo no salió en mi busca, seguí caminando por el jardín y llegue hasta la entrada principal abrí esta puerta y el cubo de la mopa estaba tirado en medio del salón el agua llegaba hasta mis zapatos, subí por las escaleras hasta la primera planta allí vi algo que me produjo un escalofrío por todo mi cuerpo eran pisadas de Pipo, pisadas de sangre. Fui corriendo a mi habitación y no vi nada, me di la vuelta y corrí a la habitación de Bryan...
Lo que vi allí no se me olvidará en la vida es más cambió mi vida para siempre y la ha convertido en la peor pesadilla que un hombre pudiera haber soñado jamás. Había manchas de sangre por el suelo y por las paredes, miré a la cuna y allí no estaba mi hijo en su lugar estaba Pipo inmóvil lleno de sangre, sobre todo en su boca y colmillos, la sangre rebosaba en la pequeña cuna goteando hasta la moqueta y formando ríos interminables de dolor. mi corazón latía cada vez más deprisa, no entendía que había pasado, por qué no se movía el perro? fui temblando hacia la cuna y vi partes de mi hijo, Pipo tenía un cuchillo de cocina clavado en el lomo. Ahora lo entendía Marta se lo había clavado.
Me arrodillé y lloré cuando me di la vuelta vi unos pies suspendidos en el aire, eran los de Marta se había ahorcado, seguí llorando y me morí por dentro, han pasado 18 años y hoy aún lo único que me sigue manteniendo vivo es mi locura.



Iván Parlorio

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