Monday, 14 December 2009

MURGEN, LA SIRENA

Murgen nadaba de un lado a otro, su bonita piel resbalaba a través del agua marina, su pelo al igual que las algas de mágicos colores dibujaba ríos dentro del mar. Su extremidad con forma de cola de pez se agitaba haciendo que sus movimientos fueron dignos de la bruja marina.
Sus ojos verdes miraban siempre hacia la bóveda que formaba la frontera entre el aire y el agua, donde los rayos solares impactaban convirtiendo la oscuridad en claridad, Murgen siempre había estado obsesionado con el mundo del aire tanto que su imposibilidad de vivir allí le había carcomida desde pequeña convirtiéndola en un ser cruel y vil.
Cada día subía al mundo del aire y se deleitaba allí mirando lo que fuese, se ponía en un risco cerca de un acantilado, en su mundo no podía cantar por eso en la superficie lo hacía todo el rato , aunque para quien lo escuchase tenía funestas consecuencias, su canto era una llamada a la que nadie podía negarse, una llamada que conducía a la muerte. Por allí pasaban muchos barcos, los marineros al oír la voz de Murgen dirigían la nave hacia el acantilado destrozándolo contra las rocas dejando sin vida a ninguno de los tripulantes, una muerte que viene precedida por la voz más preciosa que habían escuchado antes.
Un día en el que el agua estaba más tranquila de lo normal, Murgen cantaba como de costumbre en su risco, a lo lejos un navío se acercaba, la bruja marina cantaba su bello canto, en el barco, los marineros hacían sus labores cuando el vigía gritó desde el palo mayor un aviso , pero ya era demasiado tarde, el barco se dirigía hacia el acantilado, Murgen se deleitaba desde su risco, gozaba viendo como se estrellaban y morían todos, los hombres que dormidos en un mundo de belleza , jamás llegarían a comprender por que les esperaba esa muerte , tan dulce y tan cruel.
El barco chocó, su casco se rompió y todos los marineros cayeron a las aguas del acantilado que rompían con la dura roca, haciendo picadillo cada uno de los cuerpos. Murgen tras ver el fatídico espectáculo volvió a su mundo, donde no quería estar y que hacía que su maldad fuera infinita.
En el puerto a mucha distancia de allí, cientos de marineros intentaban unirse a la tripulación de la nave “El Holandes Errante” , solo 150 marineros serían los elegidos que se embarcarían en un viaje hacia el otro lado del mundo. Un joven marinero llamado Saúl consiguió formar parte del Holandes Errante como polizón, en un descuido de los guardias se coló en una de las cajas de provisiones, el barco zarpó y todos los hombres estaban en sus puestos, dispuestos a estar meses en alta mar dejando atrás a mujeres, hijos y seres queridos, pasaron tormentas, días soleados , días fríos y días calurosos, hasta que llegaron a los acantilados de la tierra de Muergen.
La bruja marina estaba en su risco, con su preciosa piel luciendo en todo su esplendor por los rayos del sol, su belleza desentonaba por los numerosos huesos que rodeaban a la bonita sirena. Murgen se dio cuenta que una nave se aproximaba y comenzó su maldito canto, la nave estaba más cerca y los marineros empezaron a ser hechizados, a sus oídos llegaban el más dulce tono que les hacia vivir un sueño aunque en realidad se dirigían a una pesadilla. Murgen cantaba más fuerte, el capitán del barco giró el timón directamente hacia el acantilado, los marineros miraban todos hacia Murgen que no cesaba en su canto, todos menos Saúl que salió de su escondite, algo extraño pasaba pues ya no oía a los tripulantes cantar, gastas bromas o insultarse…así que al salir se encontró con todos mirando hacia el acantilado, les habló a todos , les gritó pero nadie parecía escucharle.
El barco cada vez estaba más cerca y Saúl corrió al timón, el capitán estaba al lado mirando hacia Murgen, Saúl consiguió girar el timón a tiempo evitando que se chocara contra las rocas. Murgen paró su canto, el barco no se había chocado, era imposible, cientos de barcos habían chocado contra sus rocas pero este no.
El barco se quedó perpendicular al risco donde se encontraba Murgen, los marineros extendían los brazos hacia Murgen, otros se tiraban al agua directamente , Saúl desde el timón por fin vio quien era la causante , desde la nave le grito que no se saldrá con la suya bruja marina, Murgen le contestó alzando el tono de su preciosa voz para intentar redimir al primer hombre que se había resistido a su canto, pero con Saúl era imposible , lo que no sabía Murgen era que el muchacho era sordo de nacimiento y por eso nunca podría escuchar sus malditos cantos. Saúl acercó más el barco al risco donde estaba la sirena, los marineros se lanzaron muertos de amor a por ella sin tiempo de reacción la sujetaron entre muchos y tanta era la pasión que desataba entre ellos que sin querer la despedazaron , esparciendo sus trozos por el mar que tanto había odiado.

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